Diferencias entre conducta desafiante y desregulación
Dos conductas que suelen ser confundidas por padres, incluso por especialistas. La conducta desafiante se da cuando el individuo rechaza de manera activa a demandas, reglas o figuras de autoridad, que desde el ABA pueden ser conductas por escape, atención, tangibles y automáticas. Estos tipos de comportamientos, sea cual sea el que presente el niño, tiene cierto grado de intención “funcional”, ya que ha sido reforzado anteriormente y por lo tanto ha aprendido de cierta manera a obtener lo que desea de esa manera.
La desregulación es una dificultad que presenta el niño en la modulación de estados fisiológicos, lo que lleva a respuestas desproporcionadas ante estímulos internos o externos, por ejemplo, taparse los oídos ante ruidos muy fuertes, vomitar ante cambios de movimientos bruscos, dolor de cabeza por exposición de luz intensa o cambios de luces de colores, también una persona puede desregularse por no dormir bien y presentar irritabilidad por la fatiga o exposición a situaciones de estrés.
Sin embargo, es común encontrarnos una combinación entre ambas, por ejemplo, un niño que comienza a realizar sus tareas en casa, no le sale el dibujo, comienza a apretar más fuerte el lápiz, hay manchones en su hoja por las veces que ha borrado el dibujo, inicia su estado de frustración por la demanda académica, su nivel de activación aumenta comenzando a tirar las cosas, a llorar, gritar, aquí estamos frente a la desregulación por frustración. Su madre se acerca y le pide que termine la actividad, a lo que él responde, “no la haré”, empuja la hoja y se niega a continuar, aquí estamos frente a la conducta desafiante, consecuencia de su desregulación. O tan simple como los niños que han estado expuestos a muchos estímulos sensoriales y su conducta es de agresión o irritabilidad.
La desregulación inicial puede convertirse en la conducta operante. El poder entender y diferenciar entre una y otra es una necesidad clínica y educativa, por lo que debemos responder de forma ajustada, respetuosa y eficaz ante las necesidades del niño, lo que hace imprescindible el trabajo en equipo para poder comprender el porqué y el para qué de la conducta del peque.
Susana Pereira - Terapeuta Ocupacional - Terapeuta de Conducta
Educadora en Masaje Infantil
Valencia - España
Differences between defiant behavior and dysregulation
Two behaviors that are often confused by parents—and even by specialists. Defiant behavior occurs when an individual actively rejects demands, rules, or authority figures; from an ABA perspective, these behaviors can be categorized as escape, attention-seeking, tangible, or automatic. These types of behaviors, whichever the child exhibits, have a certain degree of “functional” intent, since they have been previously reinforced and the child has therefore learned, to some extent, to get what they want in that way.
Dysregulation is a difficulty the child has in modulating physiological states, leading to disproportionate responses to internal or external stimuli, for example, covering their ears in response to very loud noises, vomiting in response to sudden changes in movement, headaches due to exposure to intense light or changes in colored lights; a person may also become dysregulated due to poor sleep and exhibit irritability caused by fatigue or exposure to stressful situations.
However, it is common to encounter a combination of both. For example, a child starts doing homework at home; the drawing doesn’t turn out right, so he begins to press harder on the pencil; there are smudges on the paper from all the times he’s erased the drawing; he becomes frustrated by the academic demands; his arousal level rises, and he starts throwing things, crying, and screaming; here we are dealing with dysregulation due to frustration. His mother approaches and asks him to finish the activity, to which he responds, “I won’t do it,” pushes the paper away, and refuses to continue; here we are dealing with defiant behavior, a consequence of his dysregulation. Or as simple as children who have been exposed to many sensory stimuli and whose behavior is aggressive or irritable.
The initial dysregulation can become the operant behavior. Being able to understand and differentiate between the two is a clinical and educational necessity, which is why we must respond in a way that is appropriate, respectful, and effective to the child’s needs—making teamwork essential to understand the why and the purpose behind the child’s behavior.

